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Cartas entre Moscú y Lisboa

México DF III: del maestro Espada y sus Américas

(Si no consigue ver el video, pinchar aquí)

De esta carta inédita e inesperada usted tiene la culpa por enviarme el tesmimonio del maestro Espada haciendo las Américas. Anoche, cuando lo leí, unido al insomnio por el exagerado calor que está haciendo, y que en esta nube de humo de tubodescape en la que vivo hace que la cosa sea como granja de pollos, me dejó algo soliviantado. Voy a reproducir con su permiso algo de los e-mails que nos intercambiamos, yo sudando en la cama y efectivamente desde ese invento tenebroso que acabará con las tertulias de sobremesa y otras cosas:

El 14 de abril de 2011 07:18, Juan Ramón Gracia escribió:

Pijo el maestro Arcadi se me quedó en Arcadio en seco con su viajito a América, el tema ahora se llama viajar a cualquier parte y no escribir nada, y no creo que sea el jet lag porque ya me cayeron gordos algunos de sus resbalones de la vida gabacha, ni dice nada ni lo poco que dice sirve de algo, qué bueno ha de ser eso de las audiencias cautivas, pero cómo me giba, y encima resulta que sabe de vinos (...).
Mensaje enviado desde mi BlackBerry  de Nextel

From: Armando Morcillo

Date: Thu, 14 Apr 2011 07:26:38 +0200

Subject: Re: América (III)

ya está usted en la secta blackberrry?
menos mal que no se me ha hecho de los adventistas de Jobs...
hay que joderse..
ps:
no esperaba menos que le tocara los... el arcadio, habrá comido ya en el restorán ese no?

***

No, no he tenido el gusto de comer en ese restorán. Santa Fe, donde está,  es el barrio de los new rich, y por supuesto de todos los narconewrich; me queda lejos y es de una intemperie de suburbio de rascacielos que no me llama mucho la atención.  Sin embargo, sí fui hoy en la tarde a este cerro que es Santa Fe porque ahí daba su seminario el maestro Espada, como le dije también por la BB y aquí estoy reportandome. El relato es como sigue:

La plática era supuestamente sobre prensa e internet. Tema que sabe usted nos interesa. Pero no.  Era la primera vez que iba a la Universidad Iberoamericana así que después de bajar del taxi, busqué alguien a quién preguntar como el que va a Roma. Y como tantas y una vez más, el imán que parece tengo en la frente. Veo a una chica, le pregunto, no sabe, afino la punteria, veo a otra caminando como si nada y voilà:

- Sabes dónde queda la biblioteca?

- Sí. Vienes a lo de Arcadi Espada ?

- Pues sí, y tú ?

- Bueno… Sí.

- Tú no eres mexicana?

- No, soy española.

- Ah, yo también, aunque el acento lo tenga raro.

- Sí, de dónde?

- Uyyy seguro no lo conoces, de un pueblo muy chico en el límite de la provincia de Sevilla y Málaga.

- Ah, bueno, yo soy de Huelva.

- Ah bueno pues por ahí, al lado de la A-92, EL Saucejo se llama para más señas.

- Yo soy de Huelva capital.

- Pues también tienes un acento raro!

- Bueno, es que viví mucho tiempo en Madrid y llevo ya 5 años aquí… Y tú que vienes porque eres periodista o por curioso?

- Por curioso, me interesa el tema de prensa e internet

- No me digas, pues fijate que a todo el mundo le interesó tanto el tema del « terrorismo » que la plática del internet se pasó para mañana…

- Ah, en serio? Y tú a qué vienes ?

- Bueno, yo organicé esto… mmm… bueno que convencí a esta gente para que pagaran y lo trajeran…

- No me digas !

***

No sé cuantos miles de estudiantes o cientos de profesores habrá en la Ibero. Y en medio del patio, con muchas pululando por ahí, vengo a preguntarle a la mera mera que muy amablemente me llevó hasta un sofisticado salón de biblioteca estilo new age con sillas que son sillones, estupendo para conferencias somnífero.

En México pasa como en la canción de Bersuit…que ya « todo es narco ». Así que en lugar de internet como yo esperaba se habló sobre el acuerdo que más de 700 medios han firmado en México para ponerse de acuerdo en cómo informar sobre la « violencia » que azota el país. No voy a entrar en discusiones semánticas de si lo que pasa en México es o no « terrorismo » o es « delincuencia organizada », todos estos palabrejos esconden muchas trampas. Me quedo con el sentimiento de la gente, el tema es muy preocupante y el Estado, papá Estado, se muestra incapaz de hacer frente a ello.

Y llega el maestro Espada. Saluda cariñosamente a mi nueva amiga. Luego se acerca con vehemencia a la palestra que también es muy moderna porque sólo hay dos sillas y una pequeña mesa. Pantalón oscuro, camisa azul. Vamos todos a jugar a sentirnos gente importante. Sobre todo porque la audiencia feminina promete. Se contonea y de todo el auditorio llama la atención de una joven mexicanísima, tierna y preciosa, con gafapastas y ropa colorida que es como combinar exotismo con intelectualidad, o piña colada con bellini. Conversan por los bajines.

Empieza la plática. La semántica, siempre. Nos lee un artículo que decía algo así como que « la víctima se escondió tras no se qué por lo que tuvo que ser rematada ». Moraleja: usted no puede ser el que justifique el efecto, oséase, que si se esconde el pobre encima usted lo tenga que rematar. Dejemos pues las causas para los malos entonces.

Luego se puso a poner los puntos sobre las ies al mencionado acuerdo con una aire de español que ni Cela. Ver en persona al maestro Espada, porque bien sabemos que así fue cuando eramos inberbes de la vida, ha sido toda una experiencia. Poner cara y cuerpo a la pluma o la tecla es un punto. Ridículas lentes redondeadas de intelectual del XIX  y un frenillo en la « r » que uno no sabe si es un problema fonético o un deje francés fruto de su gusto por el país vecino. No faltó pues « la langue de bois » y el código napoleónico, al que como usted bien sabe « ni le falta ni le sobra nada » porque es lo que es.

« Ojo con la palabra conflicto, en México no hay un conflicto », dijo el maestro y lo entiendo creo, no quiere que se pongan en el mismo lugar al bueno y al malo. Lo que pasa es que aquí, como allá, la línea entre el malo y el bueno es tan delgada que, a veces, se confunde. Pero no nos adelantemos.

Libertad de prensa, independencia editorial, dimensionar, mecanismos,  etc. cosas digamos que sobrentendidas, u otras detestables tecnicismos burócratas vacios y rimbombantes ; y aquí llegó la ineludible referencia al Maestro que nunca dejará de ser Maestro porque también es su Maestro. El Maestro Pla que le enseñó que lo mejor que podía hacer para escribir era «poner dentro de cada palabra algo, un contenido, para que no fueran cáscaras vacías ». Momento sublime, como se imaginará.

Y siguió trillando el acuerdo por decir cosas tan evidentes, o tan básicas, que a todas luces le deberían de haber servido al maestro Espada para darse cuenta de que no estaba en Espanya y de que el jet lag que sufría era precisamente porque estaba lejos.

Tocó hablar de lo que los medios deben reportar de lo que hace el Estado para combatir al crimen. No se olviden democracia y estado de pertrecho. Y aquí dejó una perla que, quitando a mi nueva amiga y a uno mismo, no creo que nadie más del público entendiera en su justa medida. « El caso GAL, vamos a ver, yo no puedo en un medio decir que eso estuviera bien y que fue causado por la violencia de ETA (…) No puedo decirlo, aunque me gustaría».

Y llegamos a las victimas : 40 mil. Los «muertos son públicos » dijo el Maestro Espada. Joder, ni muerto a uno lo pueden dejar tranquilo, pensé yo. « El monstruo mediático ha convertido el dolor en un espectáculo » esto al respecto de que se televisaran los duelos o los funerales.

Hasta este punto de las victimas, la verdad que el debate fue soso, aburrido, si no hubiera sido porque el moderno salón de biblioteca tenía un techo de cristal casi transparente -y transitable- que hizo que el maestro levantara pícaramente la mirada al oir el traqueteo inconfundible de unos tacones  altos de mujer -que para más inri portaban piernas con falda- ni una sóla sonrisa hubiera dejado caer el respetable. La verdad es que el Maestro rezuma sabiduría, tiene tablas en el escenario, sabe de lo que habla y tiene la arrogancia típica del que se cree una autoridad que cuando abre la boca sienta cátedra y sube el pan. Es decir, al César lo que es del César y eso tampoco daba para debatir mucho.

Yo, que eso de publicar los nombres de las 40 mil victimas del narco -para emular el proceso español de « mediatización » de los muertos y con ello concienciar y no dejar impunes a los agrasores y olvidados a las vistimas- no me convencía del todo, agarré el micro y me tiré, sin estar muy convencido, al charco. La cosa, era de esperar, se calentó, más o menos porque le quise decir que comparar el terrorismo de ETA con lo que pasaba en México era como comparar el tocino con la velocidad. En fin, esas cosas de los contextos y las distancias. Medio nos interrumpimos mutuamente y el maestro sacó su lado más español a lo que yo no tuve de otra que sacar el mío. La cosa es que sirvió para animar el debate y ya otros salieron unos a ponerse de mi lado y otros, sobre todo las jovencitas que desde el martes llevaban adulando al maestro, a favor de él.

Por lo menos lo obligamos a esforzarse. A mí, en lo personal, me dio una lección de esas que me gustan sobre la virtud y las ventajas que decía Nietzche. « Los nombres » joder, « los nombres ». Sin nombres no hay historia, sin nombres no hay periodismo. Aquí dar nombres -arguyeron desde el público- puede costar vidas, de personas, de periodistas, de… Es un riesgo, dijo el Maestro, pero que llegado el momento tendremos que decidir tomar.

Concluyendo. Está claro que el Maestro no trabaja de reportero en Morelos, Guerrero, Tijuana o Ciudad Juarez. Varias veces hizo referencia a la diferencia entre « lo real » y lo otro que no definió. Pues eso eché de menos en la plática, en la « realidad » mexicana hablar de una democracia que pueda garantizar la seguridad de los nombres es complicado, decir narco y obviar corrupción política es indecente, no mencionar la cuestión social y económica es perverso,  alegar « violencia » y no incluir las barbaridades de un ejercito y una policía corrupta y mal entrenada es pernicioso, mentar la bendita « droga » y no abrir los ojos sobre la hipócrita sociedad del doble rasero en la que vivimos es sencillamente como publicar notas de periódico que no son más que cáscaras vacías, como diría Pla.

Acabó el Maestro con un discurso conmovedor en tono grave sobre « el gran dilema » el « dilema final » de la profesión. Publicar y atenerse a las consecuencias las que sean o no publicar. La respuesta vehemente: « la respuesta está en lo individual, hay que valorarlo, y tiene que ver con la moral, con la ética, con la técnica también, y es una decisión final del periodista ». Me rasqué la cabeza, no será una decisión final del consejo editorial, o del director del medio, o del dueño y del « money money money ».

Sí coincido con el maestro en algo que acaba de publicar en su IV América pero que ya había puesto entre comillas más arriba: la palabra “violencia”. Violencia de género, del narco, psicólógica, enfrentamientos violentos, violencia de esto, violencia de lo otro. Terrible eufemismo, terrible trampa semántica. Aquí están asesinando gente a diario, muchos por ajustes de cuentas entre bandas o dentro de las bandas porque ellos usan algo parecido a la ley del talión pero más canalla, y otros, por los daños colaterales de esta guerra, por mala suerte.

 

México vive hoy el fruto de su historia. Una independencia que fue un acto reaccionario y conservador del poder criollo español frente a la Pepa de 1812. Una revolución que creó un estado de partido único con el poder en pocas manos. Una privatización/modernización hecha por un pirata y repartida entre sus cuates, una trasición a la democracia formal pero no real, y un presidente al que se le escupe a la cara por entrar en una guerra que no podía vencer, porque no depende de él, ni de su Estado, porque no tiene ni los medios ni las armas; son molinos gigantes, mundiales, coyunturales; o alguien sabe cuánta gente mató la mafia italiana en el Chicago de la ley seca? O alguién sabe cuántos ha matado la mafia siciliana? Eran otros tiempos –y otros medios- en los que, como dice el maestro, la aritmética no era tan importante.

Y ahora nos vamos a poner a hablar de ¿terrorismo? ¿Se imaginan un atendado que deje 40 mil muertos? Suena más a una guerra. Y es una guerra cruenta que ha incubando el sistema político mexicano durante 70 años, y que se ha visto favorecido por el consumo ingente de drogas (=mucho money) y la más ingente venta de armas de USA, y que ahora nadie puede controlar. Los medios, efectivamente, podrían ayudar empezando por quitar la telebasura y no contar sólo sus tiradas y las ayudas en publicidad del Estado, sino también la calidad de lo que publican y lo que publican. El dilema.

Siga con salud y buenos alimentos,

JRG

P.S. Por cierto, que si se fija en el título completo del seminario leerá un « Contra la imaginación en el periodismo » ay, la virtud, y qué haríamos con nuestro  Kapuscinski.

P.P.S. Por cierto, cuando Arcadio pone como ejemplo a los medios españoles se estará refiriendo sólo a Sánchez Ferlosio, o también a los telediarios light y de medio velo de la primera, el mundo que nadie lee, el periódico de PRISA que da pena, la vanguardia con su son, ABC con su estreñimiento monárquico, lalala

P.P.P.S. Se me olvidó otra vez que en internet no puedes escribir más de media carilla.

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6 comentarios

JRG -

Jean,

Soberbia, pero Maestra.

Gracias por leer este exabrupto.

Saludos,

JRG

Jean Meslier -

La soberbia del Arcadín es de tal envergadura que........

Armando -

Creí que esta gente de blogia no sería tan torpe de no permitir código html (vamos lo que viene siendo poner enlaces en los comentarios), en fin.

http://davidballota.blogs.generacion.net/narcomensaje

Armando -

Se ha consumado lo inevitable: la narcodemocracia. México, 24 horas de noticas que son el testigo de la victoria del terror. Aunque no se siga en portada. Boletín de una derrota de la democracia: hoy. ¿Por qué no es noticia permanente de portada?. Nuestro querido México y la conexión con los editores españoles…[..]

El dinero de la cocaína se lava comprando inmuebles en España.

Narcomensaje

JRG -

Pues no es usted el director editorial!!! Perdón se me fue.

Armando -

Pero pijo quite mi correo electrónico!
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